August 8th, 2006
«Hay que concertar alianzas inimaginables»
Publicado en Encuentro en la Red
www.cubaencuentro.com
8 de agosto de 2006
La era de Fidel se está apagando. Sin él, a los cubanos -en la Isla y en la diáspora- se nos presenta la oportunidad de dotar a nuestra política de un amplio y fuerte centro donde normalmente se dialoga y se llega a acuerdos. La polarización es perversamente fácil de mantener: no exige que nos veamos abocados a tomar decisiones difíciles. Para convivir en paz, hay que abandonar las barricadas.
Sólo la democracia podrá abarcar y encauzar la diversidad y el pluralismo entre nosotros. Sin embargo, si el traspaso se tornara permanente, Raúl y los sucesores podrían emprender reformas económicas que disminuyan las tensiones materiales de la vida cotidiana. Sólo así lograrían un respiro para estabilizarse -por cuánto tiempo, nadie sabe-, pero, además, le devolverían al país una cierta normalidad. Aunque no sería un Estado de derecho pleno, le reconocería a los cubanos derechos económicos nada despreciables. Sería también un primer paso para recuperar no el apoyo, sino la voluntad popular de escuchar al gobierno luego de larguísimos días y noches de zumbidos ideológicos.
Estados Unidos y Cuba llevan enfrentados hace casi medio siglo. Una Cuba sin Fidel le ofrecería posibilidades a ambos para ir rompiendo el círculo vicioso. Hace poco, la administración de Bush presentó su segundo informe sobre la transición en Cuba. Si bien mejorado de tono, aún manifiesta una necesidad compulsiva de pronunciarse sobre los más mínimos detalles. Me eriza pensar que la Administración responsable de Irak pretenda asesorar a una Cuba democrática. Para Washington, la sucesión es inadmisible y no ofrece otra cosa que más de lo mismo.
Los sucesores también intentarían mantenerse en sus trece. Ellos, sin embargo, se verían forzados a actuar rápidamente en el frente económico y así ensayarían el escenario que Fidel truncó a principios de los noventa y que apostaba por una distensión con Estados Unidos. Una Cuba que abrazara reformas económicas como las de China y Vietnam sería apoyada por la Unión Europea, Canadá y América Latina. ¿Se empecinaría Washington en negar la sucesión si es un hecho establecido? Posiblemente, pero, a regañadientes, tantearía otro camino y entonces La Habana tendría que responder.
Los cubanos siempre nos hemos referido a Cuba en términos desmedidos que no guardan proporción con lo que es nuestro país. Nos queda asumir a Cuba en minúscula. La lograríamos si nos serenáramos. Debemos prepararnos, porque lo imprevisto puede pasar y entonces tendremos que concertar alianzas inimaginables hoy. Hay que dialogar y pactar lo posible sin perder nunca el horizonte de una Cuba democrática. Ojalá que los cubanos sepamos movilizar la sabiduría y la generosidad necesarias para, al fin, reconciliarnos amparados por la libertad.