March 12th, 2009
Cambios ministeriales en Cuba
Publicado por Infolatam
11 de marzo de 2009
(Especial para Infolatam).- “Raúl ha ido ordenando el Estado cubano y eliminando las vías paralelas para la toma de decisiones que su hermano aupaba a expensas de las instituciones. Son pasitos pero pasos al fin. A todas luces, la economía es la primerísima prioridad.
En 2007, Raúl disparó las expectativas populares sin, hasta ahora, darles salida. El congreso del PCC a fines de este año debe sentar pautas económicas, aunque es poco probable que se lancen por el camino de liberar, de una vez por todas, la capacidad y la iniciativa de los cubanos de a pie para impulsar el desarrollo y mejorar los estándares de vida”.
Los cambios ministeriales en Cuba se veían venir. A mediados de febrero, el nombramiento de Jorge Luis Sierra Cruz, Ulises Rosales del Toro y Ramiro Valdés Menéndez a tres de las vicepresidencias del Consejo de Ministros casi completaba su grupo rector. José Ramón Fernández Álvarez -sempiterno sobreviviente- se quedaba en la suya y Ricardo Cabrisas Ruiz -mayormente especializado en temas del comercio exterior- había sido promovido en octubre pasado. Entre las remociones del 2 de marzo estaba la de Marino Alberto Murillo Jorge a la vicepresidencia que faltaba y al ministerio de Economía y Planificación.
El 24 febrero 2008 Raúl Castro Ruz y José Ramón Machado Ventura asumieron, los cargos de presidente y primer vicepresidente del Consejo de Ministros, respectivamente. En esa ocasión, Raúl había dicho que quedaban pendientes las designaciones gubernamentales hasta que se determinara “una estructura más compacta y funcional, con menor número de organismos de la administración central del Estado y una mejor distribución de las funciones que cumplen”.
En total fueron nueve los ministerios que cambiaron de ministro, lo cual en sí es significativo. Mas aún lo son algunos factores que subrayan lo que el presidente cubano llama “la institucionalidad”.
• Tres de los nuevos ministros -Relaciones Exteriores, Comercio Interior y Trabajo y Seguridad Social- desempeñaban el cargo de primer vicepresidente en sus respectivos ministerios. Murillo Jorge, además, había sido viceministro de Economía y Planificación antes de asumir el mando de Comercio Interior en 2008. Todos los nuevos titulares aportan calificaciones y experiencia para el ejercicio de sus nuevas responsabilidades que son mayormente referidas a la economía.
• Las nuevas titulares de los ministerios de la Industria Alimenticia y de Finanzas y Precios fueron liberadas de su condición de miembro del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC). Una suerte de separación de funciones pudiera ser la razón pues en el Secretariado supervisaban los ministeriors que ahora dirigen.
• Las nominaciones a secretarios del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros hacen hincapié en que dichos cargos son administrativos sin protagonismo político alguno. Los nuevos secretarios -el del Consejo de Estado, un diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y el del Consejo de Ministros, un general de brigada que cumplía funciones administrativas en las Fuerzas Armadas- son funcionarios. Por el contraste, el ex secretario del Consejo de Estado -un hombre de la más estrecha confianza de Fidel Castro- y el del Consejo de Ministros -Carlos Lage Dávila- eran miembros de sus respectivos consejos. Lage también era vicepresidente del Consejo de Estado y miembro del Buró Político hasta que renunciara ambos cargos luego de ser defenestrado. Se trata, a mi juicio, de otro ejemplo de una cierta separación de funciones.
Evidentemente la cubana no es una institucionalidad democrática pues no contempla ni la separación de poderes ni las libertades ciudadanas. Así y todo, Raúl ha ido ordenando el Estado cubano y eliminando las vías paralelas para la toma de decisiones que su hermano aupaba a expensas de las instituciones. Son pasitos pero pasos al fin. A todas luces, la economía es la primerísima prioridad. En 2007, Raúl disparó las expectativas populares sin, hasta ahora, darles salida. El congreso del PCC a fines de este año debe sentar pautas económicas, aunque es poco probable que se lancen por el camino de liberar, de una vez por todas, la capacidad y la iniciativa de los cubanos de a pie para impulsar el desarrollo y mejorar los estándares de vida.
En una reflexión a raíz de los cambios ministeriales, Fidel Castro hizo una referencia implícita a Lage y a Felipe Pérez Roque, ex ministro de Relaciones Exteriores, al decir: “La miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno”. Esta oración y las cartas de renuncia de los aludidos a todos sus cargos no son nada felices.
Recuerdan las viejas prácticas del entonces socialismo real que sólo subrayaban su enorme fragilidad política. “La miel del poder” seduce únicamente a los que caen en desgracia pues la institucionalidad unipartidista -sobre todo, una en la que los presupuestos ideológicos, generalmente, han valido más que las necesidades de la gente- carece de los mecanismos para dirimir las diferencias políticas de peso sin que éstas se conviertan en una prueba de lealtad al país.
Lo de “no conocieron sacrificio alguno” resalta otra insigne debilidad del socialismo en Cuba. En última instancia, sólo los que levantaron las armas para lograr y defender la revolución -da a entender el Comandante- están investidos de legitimidad. Así pues, a Ramiro Valdés y a Ulises del Toro no se le cobran los errores con la misma moneda que a Lage y a Pérez Roque, aun cuando del Toro, por ejemplo, hizo trizas la industria azucarera y ahora es titular de agricultura. Después de todo, las ambiciones políticas -si es que éstas fueron la falla de Lage y Pérez Roque- no es un pecado mortal.
La política nunca es del todo predecible pero la cubana lo ha sido mucho menos aún, precisamente, porque la institucionalidad ha tenido que competir con factores telúricos inapelables. Por eso, vale la pena destacar el caso de Sierra Cruz, 47 años, cuyo ascenso a la cima del poder ocurrió por las vías de la Unión de Jóvenes Comunistas y el PCC. Razones biológicas las han ido poniendo al centro de la promoción política. No obstante, estas vías también se agotarán. En última instancia, la legitimidad política más estable es la ganada en las urnas.