April 19th, 2008
Cubanos no gozan aún de los efectos concretos de los cambios de Raúl
Por ERIKA LÜTERS GAMBOA
Publicado en El Mercurio
19 de abril del 2008
Si bien se levantaron ciertas restricciones, el alto precio de los celulares y la censura en internet los hacen inaccesibles.
Raúl Castro prometió terminar con el “exceso de prohibiciones” y lo está haciendo, aunque muy de a poco. Ya autorizó la venta de computadores, DVDs, celulares y motos eléctricas. Levantó el “apartheid turístico”; los cubanos ahora pueden alojarse en un hotel. Y, según se ha dicho, pronto habría libertad para entrar y salir de la isla. Pero “El Mercurio” no pudo confirmar esto último, pues la embajada cubana en Santiago no respondió a los requerimientos.
Todo indica que la pequeña revolución de Raúl está en marcha, aunque las opiniones están divididas. Unos consideran estas medidas sólo un cambio cosmético. Otros, las ven como el comienzo de un proceso de cambios
inevitables. Lo que sí es unánime es que los anuncios tienen un efecto psicológico.
Es difícil constatar en el terreno si los cambios son reales. Por ejemplo, en el caso del acceso a los hoteles. Según relata a este diario el periodista independiente Carlos Serpa, quien recorrió hoteles de La Habana Vieja, desde el fin de la restricción no se ha registrado ningún cubano.
En Cubacel, la empresa que vende teléfonos móviles, no tienen las cifras de venta. Una supervisora dijo a este diario que esa información “sólo se dará a fin de mes, cuando la prensa oficial la publique”, pero aseguró que sí ha habido mayor demanda de sus productos. Dicen que el levantamiento de las limitaciones sólo beneficia a dos grupos de personas: los que pueden acceder a divisas y los que tienen “fe” (familiares en el extranjero). “Después de tantos años sin esperanzas de ningún tipo, saber que ahora ‘pueden’ si tienen el dinero, que el acceso a esos productos y servicios no está prohibido, crea expectativas”, indica desde Miami el economista cubano Eugenio Yáñez.
La principal traba es el sistema de doble moneda que rige en el país: el peso cubano y el peso cubano convertible (CUC), que vale 24 veces más que el primero. Si el salario anual de un cubano promedio es de $4.900 (209 CUC) y el valor diario de una habitación en un hotel fluctúa entre los 84 y 242 CUC, las posibilidades de acceso son mínimas.
Mientras existan las dos monedas y los bajos sueldos, muchos cubanos se contentarán con mirar los productos sólo desde las vitrinas. “Es un tema que no se resuelve de un día para otro, ya que es producto de muchos años de ineficiencia”, señala desde La Habana el economista Oscar Espinoza Chepe.
Pero hay otras preguntas. “¿De qué le sirve un computador a un cubano si se le niega el acceso a internet?”, se pregunta Serpa. “El gobierno censura lo que podemos ver o no”, indica. Más optimista, Marifeli Pérez-Stable, del Diálogo Interamericano, de Washington, indica que “aunque la mayoría hoy no pueda beneficiarse de estas medidas, son pasitos hacia una conciencia de consumidor por cuenta propia. La libertad económica pudiera ser la antesala de la libertad política”, señala.
Sea como sea, todos coinciden en que los cambios son inevitables. “Raúl está obligado a mejorar el nivel de vida del pueblo. Ya no tiene el crédito político que el régimen tuvo. Eso ya es historia”, expresa Espinoza.
Yáñez grafica la situación en términos biológicos. “En estos momentos no tenemos un ser humano formado, sino solamente un óvulo fecundado, pero dentro de nueve meses las cosas serán diferentes. El régimen decidirá si quiere un parto o un aborto. En mi opinión, quieren un parto controlado, es decir, un mercado que funcione y una dictadura política eficiente, pero con un rostro más aceptable”.
La promesa de casa propia
Con el argumento de evitar la especulación, en Cuba es ilegal la compra y venta de inmuebles. A falta de mercado inmobiliario, el único trámite legal que existe es la permuta, que permite el intercambio de viviendas, previa autorización del Estado.
Hasta ahora el sistema funcionaba así: el trabajador ocupaba una casa, que era propiedad de la empresa o dependencia estatal donde trabajaba, como parte de su salario por un plazo de entre cinco y 20 años. Pasado
el tiempo las personas se “quedaban” con la casa o el Estado se comprometía a darles una propiedad similar.
El problema surgía cuando el Estado quería desocupar una casa para dársela a otro empleado que ocuparía el mismo puesto que el anterior inquilino. Ahora, por una nueva disposición, los trabajadores podrán regularizar su situación y las viviendas habitadas en calidad de préstamo pasarán a ser de su propiedad o de sus herederos. Sin embargo, la medida no soluciona el déficit de al menos 500 mil viviendas que registra la isla.
¿Cambios en el agro?
La agricultura, en crisis desde hace décadas, es un sector productivo al que el gobierno pretende reformar. Se ha anunciado una futura “redistribución de las tierras ociosas” a granjeros agrupados en cooperativas, un aumento en los precios que paga el Estado a los productores y la desvinculación del agro del poder central, para traspasarlo a los municipios. Con estas medidas el gobierno pretende aumentar la producción agrícola para disminuir las importaciones. Cuba compra en el extranjero el 84% de los alimentos, y gasta 1.500 millones de dólares.
Una de las medidas ya en práctica es la venta libre de insumos y herramientas para el trabajo. Anteriormente los suministros para el agro debían pasar por alguna instancia de control estatal. Para el economista Eugenio Yánez estos cambios “son el reconocimiento de la impotencia estatal centralizada en la agricultura. Mantienen, sin embargo, el control del acopio y la comercialización, pretendiendo evitar las relaciones del productor con otros productores privados o cooperativos. Nunca ha funcionado bien eso en Cuba, ni en ninguna parte”, señala. Por eso, agrega, para dinamizar la economía y aliviar la tensión social, van a tener que ceder en el control estatal”.