March 18th, 2000

Debaten en LASA las Contradicciones del Regímen Cubano con los Intelectuales

Por WILFREDO CANCIO ISLA
Publicado en El Nuevo Herald
18 de marzo del 2000


La ilusión democrática que generó la revolución de Fidel Castro entre la izquierda intelectual de los años 60 forma parte de una utopía sepultada sistemáticamente por la incapacidad del régimen cubano para aceptar sus desacuerdos críticos internos, coincidieron expertos reunidos en Miami.

En un panel titulado “Los intelectuales y la democracia en Cuba”, académicos y escritores debatieron la intrincada madeja de relaciones entre poder revolucionario e intelectualidad, y lanzaron agudas interrogantes de cara al futuro de la isla.

La sesión convocó a unos 150 asistentes al XXII Congreso de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), que concluye hoy en el Hotel Hyatt, en el centro de Miami.

El profesor español Ignacio Sotelo, de la Freie Universitat Berlín, Alemania; el escritor mexicano Carlos Monsiváis, y los cubanos exiliados Jesús Díaz, Rafael Rojas y Marifeli Pérez-Stable, integraron el panel, que terminó en un intenso diálogo con la audiencia.

Sotelo hizo un recuento de las relaciones entre Cuba y España durante el siglo XX y analizó el profundo impacto de la revolución castrista en la sociedad española hasta la actualidad, mientras Monsiváis centró su exposición en “la hegemonía perdida” del discurso castrista entre la intelectualidad mexicana.

Monsiváis abordó el papel de la Casa de las Américas, fundada en 1960 como un centro promotor de “compromisos y resonancias” en el continente, y reflexionó sobre el “corte estalinista del caso Padilla”, el conocido episodio de condena oficial contra el poeta Heberto Padilla en 1968.

Añadió que, para la izquierda intelectual latinoamericana, ha quedado ya resuelta “la confusión unívoca entre Cuba y el régimen de Fidel Castro” de los primeros años de la revolución.

Rafael Rojas, del Centro de Investigación y Docencia Económicas de México, realizó un “contrapunteo cubano entre el nihilismo y el civismo” en la historia intelectual cubana.

“El legado nihilista pesa sobre la percepción acrítica que en muchos momentos ha tenido el intelectual cubano de la revolución”, destacó Rojas.

Rojas se refirió al desencanto de la política en la tradición intelectual cubana y citó el ejemplo paradigmático de José Martí, quien expresó en uno de sus artículos: “Es saludable desertar de la política”.

La intervención de Díaz, quien dirige en Madrid la revista Encuentro de la Cultura Cubana, se concentró en su testimonio de la experiencia revolucionaria y estuvo matizada por una fuerte carga autocrítica.

El escritor, exiliado desde 1991, evocó su labor en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y en la revista Pensamiento Crítico (1967-1971), un importante espacio de reflexión marxista que fue clausurado bajo acusaciones de “diversionismo ideológico”.

“La esperanza se trocó en infierno”, manifestó. “Todo intento de modificar el castrismo desde dentro estaba condenado al fracaso”.

Veinticinco años después, la historia se repitió en el Centro de Estudios de América (CEA) y la revista Cuadernos de Nuestra América, adonde habían ido a parar algunos de los líderes de opinión de Pensamiento Crítico. El General Raúl Castro volvió nuevamente a conducir la purga, considerada por Díaz como un “vil proceso inquisitorial”.

El autor de Las palabras perdidas se consideró integrante de una “generación del silencio” que no fue capaz de pensar críticamente la revolución cubana desde el comienzo.

“Nunca dejaré de avergonzarme de ello ante los jóvenes intelectuales cubanos”, reconoció.

Aurelio Alonso, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociosicológicas de La Habana, pidió la palabra para discrepar de Díaz.

“Esa generación no fue la del silencio, sino de la lealtad”, indicó Alonso, que integró el equipo editorial de Pensamiento Crítico y luego hizo carrera como diplomático.

Alonso señaló que se siente aún “revolucionario militante e idealista” e hizo mención a la pobreza del mundo “que no se ve desde las ventanas del Hyatt”.

“Sólo deseo que tengamos un país donde podamos vivir todos y una revista donde podamos discutir democrática y civilizadamente nuestros muchos desacuerdos”, acotó Díaz.