February 29th, 2008
Esperanza de cambio sobrevive entre augurios de continuidad
Por DINA FERNANDEZ
Publicado en El Tiempo Latino
29 de febrero del 2008
La elección del nuevo Consejo de Estado en Cuba –que ahora preside Raúl Castro, en sustitución de su hermano Fidel– no ha enterrado por completo la esperanza de ver cambios que alivien las penurias de la vida diaria para los cubanos.
Algunas partes del discurso que pronunció Raúl Castro ante la Asamblea dan lugar a mantener el optimismo de los disidentes, sobre todo la afirmación de que “el país tendrá como prioridad satisfacer las necesidades básicas de la población, tanto materiales como espirituales”.
El sucesor del mítico “Comandante” también reiteró que existía un “exceso de regulaciones y prohibiciones” y ofreció que en las próximas semanas comenzará a trabajar en desmantelar “las más sencillas”.
El sistema de la libreta de abastecimiento, que no permite a una familia subsistir más de quince días, tampoco se salvó de las críticas. El nuevo presidente cubano aseguró que “en las condiciones actuales”, los subsidios que le dan vida resultan “irracionales e insostenibles”.
No hay duda entonces: la preocupación por la calidad de vida de los cubanos figura hasta arriba de los pendientes del nuevo liderazgo. El problema radica en el espacio de maniobra que encuentre el gobierno para impulsar cambios genuinos sin torpedear los fundamentos ideológicos de la Revolución a la que tanto se aferran.
Resolver la cotidianidad cubana, marcada por la escasez y la pérdida de poder adquisitivo, requiere de reformas económicas que no tardarían en tocar el centro neurálgico de las ideas revolucionarias, esas mismas que Fidel Castro considera su legado y que ha prometido preservar desde su lecho de enfermo.
En la práctica, esto pone al nuevo presidente en una posición difícil. Mientras admite en su discurso inaugural que el gobierno debe aliviar las limitaciones de los ciudadanos de a pie, se cuida de invocar el nombre de “Fidel” casi 20 veces y hablar de la “invulnerabilidad de la Revolución en el terreno político”.
A ello hay que añadir que el nuevo presidente se ha rodeado de “líderes históricos” que garantizan la ortodoxia ideológica de la sucesión. El segundo al mando, José Ramón Machado Ventura, tiene 77 años y fue uno de los más visibles enemigos de las tímidas reformas emprendidas por el gobierno de la isla después de la caída del muro de Berlín.
“Lo que le espera al liderazgo cubano es peliagudo”, afirma la vicepresidenta para Gobernanza Democrática del Diálogo Interamericano de la OEA, Marifeli Pérez-Stable. “Cualquier reforma podría desatar un proceso que los fuerce a reformas mayores”.
Mientras Fidel Castro permanezca con vida y se tome a pecho el papel de guardián de la Revolución, será muy difícil que se hagan explícitas y tangibles las diferentes posiciones en cuanto al futuro político de la isla , no digamos que se dé una recomposición de fuerzas en el seno del Partido Comunista.
La última frase en el texto de renuncia de Fidel –“seré cuidadoso”—no es una advertencia a sus enemigos, sino a su propia gente. Para Pérez-Stable, editora del libro “Looking Forward: Comparative Perspectivas on Cuba´s Transition”, esa declaración entraña el compromiso del Comandante para conservar la pureza ideológica del Revolución, que para ella “significa, en primer lugar, que ninguna reforma económica puede poner en peligro al socialismo”.