August 13th, 2006
Generacion de Arqueologos
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Por RAFAEL ROJAS Con veinticuatro volúmenes en su haber, la editorial Colibrí, fundada en Madrid hace ocho años y dirigida por el estudioso Víctor Batista, ha logrado la más importante colección de ensayo cubano, producida fuera de la isla, en los dos últimos siglos. El catálogo de Colibrí posee ya algunos de los mejores estudios económicos, históricos, filosóficos y literarios sobre la Cuba moderna y contemporánea. Sus autores son, ni más ni menos, firmas tan autorizadas como los profesores Carmelo Mesa Lago, José Manuel Hernández, Roberto González Echevarría, Marifeli Pérez Stable, Enrico Mario Santí, Gustavo Pérez Firmat y Alejandro de la Fuente. Todos, intelectuales exiliados, adscritos a importantes universidades de Estados Unidos. |
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En el último año, Colibrí ha fijado su atención en otra zona del pensamiento cubano: la crítica literaria y la historia intelectual producidas por autores jóvenes, residentes en la isla o exiliados a partir de la década del 90. Los tres últimos volúmenes de la editorial, Inventario de saldos de Ernesto Hernández Busto (La Habana, 1968), Límites del origenismo de Duanel Díaz Infante (Holguín, 1978) y La filosofía cubana in nuce de Alexis Jardines (Holguín, 1958), son un buen compendio de las obsesiones de esa nueva comunidad intelectual que, trabajosamente, intenta articularse entre la isla y el exilio. El libro de Hernández Busto, escritor afincado en Barcelona, establece claramente tres polos de atracción del nuevo ensayo cubano. En la primera parte, Cacerías secretas, se propone una relectura de clásicos de la isla (José Martí, Julián del Casal, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén). En la segunda, Pasando lista, leemos un intento de redefinición del canon nacional de las letras en Cuba, luego de aquel recorrido crítico. Por último, en la sección final del libro, De la vida dañada, asistimos a un acto de exorcismo literario, por el cual un escritor cubano en el exilio hace memoria de su generación, la primera plenamente postcomunista de la historia de Cuba, y cuestiona moralmente a quienes quedaron en la isla, aferrados a la defensa del castrismo. Tradición, canon, moral pública del intelectual, oposición política del escritor vendrían siendo algunos de los temas recurrentes del nuevo ensayo cubano. En el enjundioso libro de Duanel Díaz Infante, joven crítico radicado en Madrid, estas cuatro dimensiones también son perceptibles, a pesar del tono más académico y de que el volumen fue escrito cuando el autor aún residía en La Habana. En el que tal vez sea uno de los estudios más ambiciosos sobre Orígenes, la legendaria revista habanera de mediados del siglo XX, Díaz Infante propone no sólo una valoración del legado de ese grupo de poetas, centrada, sobre todo, en las limitaciones de su imaginario blanco, católico y nacionalista, sino una historia crítica de la recepción de aquel movimiento literario y sus escamoteos y manipulaciones desde la política cultural de la Revolución. Orígenes y la Revolución, Lezama y Fidel, aparecen en esta ensayística como dos grandes mitologías del siglo XX cubano: la mitología literaria y la política, la poética y la histórica. A pesar de que la contradicción entre ambas es evidente, ya que mientras Orígenes postulaba la entrega a la poesía como redención nacional, el orden revolucionario exigía el sacrificio de la literatura ante la Historia, el régimen cubano se las ha agenciado para hacer, ya no de Martí, sino del hermético y barroco Lezama, una suerte de profeta del totalitarismo. Contra esa maquinaria de instrumentación política de la historia literaria de la isla está dirigida buena parte del nuevo ensayo cubano. Pero para denunciar esos usos del pasado es preciso hacer arqueología de la cultura prerrevolucionaria. La República, es decir, ese período de la historia moderna cubana que media entre 1902, cuando concluye la primera ocupación norteamericana, y 1959, cuando triunfa la Revolución, se ha convertido en una reserva simbólica hábilmente aprovechada por la joven intelectualidad de la isla y el exilio. Como el aparato de legitimación del régimen revolucionario se construyó a partir del rechazo del período republicano, los nuevos ensayistas cubanos buscan en el ancien régime la venganza simbólica contra la Revolución. Un buen ejemplo de ese gesto es el último libro editado por Víctor Batista en Colibrí: La filosofía cubana in nuce de Alexis Jardines. Contra una historia de las ideas en Cuba, reconstruida hegemónicamente desde el marxismo-leninismo, durante las últimas cinco décadas, y que descarta el pensamiento republicano como mera “filosofía burguesa”, Alexis Jardines propone la más plena y contundente reivindicación del saber filosófico cubano de la primera mitad del siglo XX. Enrique José Varona, Humberto Piñera Llera, Máximo Castro Turbiano, Pedro Vicente Aja, Jorge Mañach, Medardo Vitier, Roberto Agramonte, Luis A. Baralt, Mercedes y Rosaura García Tudurí, nombres virtualmente borrados de la historia oficial de la ideología cubana, aparecen aquí dentro de una galería de republicanos eminentes. La historia del pensamiento cubano, entre la difusión del positivismo que encabezó Varona a fines del siglo XIX y la avasalladora influencia que José Ortega y Gasset ejerció sobre Mañach y casi todos los filósofos de la generación de 1940, es narrada por Jardines como si se tratara de un patrimonio perdido. Las páginas finales del libro de Jardines son especialmente duras con el dogmatismo que el gobierno de Fidel Castro impuso a las ciencias sociales: “reformar la enseñanza de la filosofía en Cuba -dice este autor residente en la isla- significa, ante todo, separar la filosofía del marxismo, tal y como en el Medioevo cristiano fue necesario separarla de la teología. La filosofía -más que ninguna otra ciencia o actividad intelectual- es, en nuestro contexto, tan sierva del marxismo como lo fue de la Escolástica hasta bien entrado el siglo XIX”. Una editorial como Colibrí, interesada en captar las mejores expresiones del pensamiento de un país, fuera de ese país, sólo es concebible en una cultura, como la cubana, controlada por un Estado totalitario y, por tanto, expulsora de una gran comunidad de exiliados. Sin embargo, como lo confirman estos tres volúmenes, la reintegración del campo intelectual cubano, después de cinco décadas de fractura, es posible. Las últimas generaciones de intelectuales cubanos rondan los mismos temas y hablan la misma lengua, desde lugares distantes: París, Barcelona, México, Nueva York, Madrid, Miami, La Habana Gracias a proyectos editoriales, como Colibrí, los futuros ciudadanos de esa isla contarán con una muestra representativa del ensayo escrito en estas décadas infames, desde cualquier ciudad del mundo. |
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