May 20th, 1999
Mayo de 1902: La marcha cívica de Tomás Estrada Palma
Publicado en El Nuevo Herald
20 de mayo de 1999
El olvido o los malos recuerdos lo persiguen. El primer presidente de la república de Cuba, Tomás Estrada Palma, no despierta muchas simpatías. Exiliado durante la Guerra de los Diez Años, Estrada Palma se inclinaba hacia la anexión más que a la independencia. Vivió en Estados Unidos 25 años hasta su elección en 1901 y sólo entonces renunció a la ciudadanía norteamericana.
La candidatura fallida en esas mismas elecciones del general Bartolomé Masó -opositor de la Enmienda Platt- aupó momentáneamente las últimas esperanzas de una soberanía plena. No pasó así. El hecho de haber provocado la segunda intervención norteamericana al negarse rotundamente a pactar con su oposición en 1906 tampoco favorece a Estrada Palma. Sólo su honestidad personal lo salva del olvido y del rechazo.
Pero la historia también revela otro Don Tomás. El 20 de abril de 1902 desembarcó en la zona oriental de la isla para iniciar una gira que culminaría con su entrada triunfal en La Habana tres semanas después. Esta marcha cívica puso de manifiesto la extraordinaria acogida popular a la república y a Don Tomás. Dondequiera que iba “el pueblo en masa compacta” lo recibía con “sinceras ovaciones y vítores entusiastas”. La ciudadanía colmaba al presidente con flores y banderas. Según un testigo de la época, “no había un cubano que no quisiera adquirir, por sus propios ojos, la certeza de que viajaba, para tomar posesión de su cargo, el Presidente de la República. ¡Se había acariciado por tantos años ese ensueño! ¡Se habían sufrido tantos dolores para lograrlo!”. Nunca más hasta el 1ro. de enero de 1959 el pueblo cubano manifestaría una alegría comparable.
La marcha cívica fue un performance fundacional. El trayecto en sí fue posible porque Cuba, por el azúcar, ya contaba con una red de comunicaciones modernas. Su extensión geográfica rindió tributo al hecho de que la independencia había movilizado al país completo.
Cuba no ha sido ni es de todos y entre nosotros ha habido y hay demasiadas exclusiones.
A cada paso, en cada desfile y en cada banquete, se constataba un esfuerzo organizativo impresionante. En Santa Cruz del Sur, veinte carrozas alegóricas de la historia de Cuba desfilaron ante la comitiva presidencial. En los muelles de la hermosa bahía de Cienfuegos, el Círculo de Artesanos le ofreció al presidente un exquisito almuerzo criollo.
La reconciliación era el punto de partida. “En el amplio camino que nos abre la República debemos entrar todos sin distinción alguna, descartando políticas y odios personales para salvar la Patria”, dijo ante la colonia española de Santiago. Estrada Palma y Masó se abrazaron en Yara y juntos honraron a Carlos Manuel de Céspedes. Banderas cubanas, estadounidenses y españolas se entralazaban en manos del pueblo en todas partes. La patria sería de todos. Los obreros le escucharon decir: “El apoyo del pueblo trabajador y honrado es la base de nuestra futura felicidad”. Con Don Tomás viajaban “tres caballeros de color” y en Bayamo se retrató tomando un refresco típico que la negra Ma Ramona le había ofrecido. Cuba, sostenía el presidente, lograría una república civilista, sin caudillos, y el buen gobierno relegaría la Enmienda Platt.
El 11 de mayo Estrada Palma entró en La Habana a bordo del buque Julia. Más de 70,000 habaneros abarrotaban las calles. Bandas municipales de todo el país aguardaban al presidente. Cuando el Julia entró en el puerto y se alzó la bandera en el Morro, todas las bandas y todas las voces entonaron el himno nacional. “Jamás buque alguno entró en nuestro puerto con más solemnidad ni mayor gloria”. A las 9:40 de la mañana, Estrada Palma pisó tierra habanera.
Otra, tristemente, fue la posterior historia del país, ya que Cuba no ha sido ni es de todos y entre nosotros ha habido y hay demasiadas exclusiones.
Aún así, acojamos la marcha cívica, incorporémosla a nuestra memoria nacional, remontémonos a ese mayo de 1902, cuando la desilusión aún no se había apoderado de los cubanos y sintamos la felicidad de las “aclamaciones delirantes y los aplausos prolongados” a la república y a Don Tomás.
Valoremos como es debido que fue un civil el primero en entrar a La Habana luego de haber recorrido la isla de Oriente a Occidente.