November 10th, 2008

Sueño de una noche de verano

Por Eliseo Alberto
Publicado en Milenio.com
6 de noviembre de 2008

Qué piensan los cubanos sobre el futuro de la isla —me preguntan a menudo los amigos, como si yo supiera mucho de lo que allá rueda de boca en boca. Y no lo sé. No es lo mismo estar al tanto que estar al día. La adivinación no es mi fuerte. No soy un estudioso del asunto, tampoco historiador ni sociólogo. Por razones muy largas de contar, viajo poco a la isla, menos de lo que quisiera. Entre los compatriotas que se interesan vivamente en esta problemática, tan difícil de evaluar sobre el terreno, admiro desde hace tiempo (“un montón de tiempo”, decimos en mi tierra) a una habanera batalladora que desde niña vive en Estados Unidos y cada noche sueña con el barrio del Vedado: la doctora Marifeli Pérez-Stable, vicepresidenta para la gobernabilidad democrática del Diálogo Interamericano en Washington DC, profesora de sociología en la Florida International University en Miami.

Marifeli tuvo a su cargo la coordinación del Grupo de Trabajo sobre Memoria, Verdad y Justicia y el informe “Cuba, la reconciliación nacional” (2003). Directora del proyecto “Diálogos nacionales sobre la democracia en América Latina”, patrocinado por la Organización de Estados Americanos, columnista del Miami Herald y autora de La revolución cubana: Orígenes, desarrollo y legado (Editorial Colibrí, 1998), mi amiga es, sin duda, toda una autoridad en la materia. Nos conocimos hace 30 años —y nunca ha dejado de deslumbrarme su natural inteligencia.

“Recientemente, la organización Freedom House publicó El cambio en Cuba: cómo ven los ciudadanos el futuro de su país, un estudio basado en 180 entrevistas minuciosas realizadas en La Habana, Villa Clara, Holguín, Camagüey y Santiago de Cuba”, nos dice la doctora Pérez-Stable en un artículo que publica la revista electrónica www.ubaencuentro.com (donde vale la pena consultar el documento). Nadie mejor que ella para explicarnos de qué se trata. Le cedo la palabra. Tiene mucho que decirnos.

MPS: En abril de 2008, cinco investigadores de campo viajaron a Cuba para hacer entrevistas personales, utilizando un cuestionario de 35 preguntas con un patrón centrado en tres ambiciosos temas: a) ¿Qué está propiciando o podría propiciar un cambio?; b) ¿Las recientes reformas tienen repercusión en las vidas de los cubanos de a pie?; y c) ¿Cómo pudieran reaccionar los ciudadanos si constatan que no se cumplen sus expectativas? El panorama que surge es desolador. La posibilidad de un cambio político, al parecer nada cercano, genera más ansiedad que esperanza. Son muy extendidos los temores de que el cambio elevaría los niveles de criminalidad e inseguridad a alturas no conocidas hoy. El escepticismo reina cuando se habla de las reformas, así como impera la desesperanza ante la opresión.

Casi todos los entrevistados no estaban informados, o estaban desinformados, sobre el movimiento democrático en la Isla. La mayoría ve un eventual cambio sólo si se origina desde dentro del Partido Comunista. Casi la mitad de los ciudadanos considera que sus líderes están más interesados en preservar el poder que en beneficiar a la población.

Sin embargo, estos cubanos manifiestan reiteradamente sus deseos de mayores libertades de expresión y movimiento, así como el fin de la doble moneda. La libertad para viajar —dentro de Cuba y hacia el exterior— se valora mucho, aunque la mayoría no quiere irse de forma permanente. (…) Nada es más irritante para los cubanos que el valor nulo de sus pesos, cuando tantos artículos esenciales sólo se pueden comprar con pesos convertibles. Una sola moneda, no obstante, no se puede imponer por decreto. Sin una economía fuerte y productiva, la unificación del peso es como el sueño de una noche de verano.

La preeminencia de La Habana es indiscutible en todo el documento. Los habaneros están mejor informados que el resto de la ciudadanía. Todos conocían la convocatoria de Raúl Castro para debatir los problemas nacionales. Algunos participaron en las discusiones, pero señalaron que los temas tenían que presentarse antes de las reuniones. La espontaneidad es anatema en la Cuba oficial.

(…) Los chistes políticos son un canal de salida para las frustraciones. Muchos se dedican a actividades en el mercado negro, mientras otros arriesgan sus vidas en las balsas. A lo largo de estas décadas, los cubanos han recurrido a estos y a otros actos privados de rebelión. (…) Claro, algunos todavía apoyan al régimen. La mayoría, sin embargo, finge que lo hace.

Cuba es una sociedad a punto de combustión. En julio, Castro dijo que las reformas se harían despacio. Un ritmo lento les da a los encumbrados líderes un sentido falso de seguridad. Un paso más rápido tendría el riesgo de dar poder a los cubanos de a pie y, así sea en forma parcial, de una pérdida del control.

Y Marifeli termina su trabajo con un comentario de oro: Malo si se hace; malo si no se hace.